El superhombre de nietzsche.
La ultima transformación...
Un pequeño y borroso punto se mueve al amanecer, luego al anochecer, luego entre abismales murallas de sólido granito; y el punto adquiere rostro, mirada, razón y mente, alma.... Y su cuerpo desnudo tiembla con pudorosa timidez.
Entonces, el hombre se despierta, pálido, en la cavernosa habitación que lo resguarda. Aprieta los dedos en repugnante dimisión de su existencia, se levanta, revuelca un odio atroz contra los estériles objetos que lo circundan. Rabioso mira hacia un lado y siente terror, solloza; después, siente el devenir de la calma, el cuerpo azotado de un helado manto de sudor lo deja paralizado. Su espíritu clama ser satisfecho, ser mas que un hombre, ser mas que un ser, conocer el odio, sin odiar. Conocer el amor, sin amar. Conocer la vida, sin vivir. Ser todo y ser nada, ser la razón de una emoción. Tener el entendimiento de sus anhelos más profundos, más ardientes y apasionados.
Sus parpados tiemblan ante la idea, embriagados, extasiados de fervor, haciéndolo caer fulminado bajo el peso de un hacha invisible; es la imagen de un hombre que se atreve a concebir una realidad más allá de los límites. Ciego de terror arrastra su cuerpo parcialmente mutilado tras densas espirales de oscuridad: Busca el resquebrajado mundo de los hombres perdidos. Pero de pronto cesa en su búsqueda. Se yergue mientras sus ojos, inundados por una sustancia oscura, inmaterial, buscan una salida... El cuerpo se precipita fuera.
Al ver el mundo exterior se ve cegado, aniquilado, escapa de una nube que lo persigue. Corre hacia un pequeño prado y se pierde entre la espesa maleza, cae sobre el césped, lo toca, lo siente, inunda sus sentidos, lo embriaga. De pronto deja de sentir, un soplo de clamorosas voces ata sus sentidos - ser mas de lo que puedo ser... Ser más que un espíritu galopante y apasionado... Musita desde un extraño y lejano sitio. Y entonces cae, como asestado por un golpe, con los ojos cerrados y el aspecto tranquilo, como la imagen de aquel que ha encontrado una respuesta.
Bienaventurado, ¡Oh! dichoso!, la abismal frialdad de tus pómulos se regenera, hombre creador, poco a poco, en luengos y virtuosos colores, pues después de cada gran pasión, la grácil tranquilidad del alma se apodera de los espíritus nobles ¿no ves ahora mares abiertos, insaciables mares de plenitud? ¡Mira, pues, arrogante como eres, el estéril armazón de roca que conforma lo pequeño, lo nimio, y Ríete de tu propia grandeza y de tu propia pequeñez!
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Tempo después una multitudinaria masa de personas se reuniría en ese lugar ¡esta muerto! Se escucharía gritar a una de ellas.
¡No! No es así... respondería otra, anciana y sabia, con solemne respeto.
El cuerpo del hombre continua vivo, pero el espíritu de un león ha muerto...
Un momento de confusión se vería reinando, pero luego, con un arrebatador impulso, todas las miradas se dirigirían hacia el rostro de aquel extraño individuo; pudiendo comprobar lo dicho. Porque un semblante sosegado y tranquilo se diluía armónicamente, como de aquel que ha comprendido, en otros rasgos más endurecidos, apenas perceptibles, de tiempos de violentos arrebatos de gloria y ambición.
Y con todo... - añadiria por ultimo la voz - El leon ha dado paso; al niño... 


